El diálogo de Putin

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La vía rusa que abre expectativas para resolver la crisis venezolana

Mucho se ha escrito y analizado sobre los efectos de la reciente visita del usurpador Nicolás Maduro a Moscú. En el Kremlin, el anfitrión Vladimir Putin lo recibió como siempre, pero esta vez con declaraciones crípticas que parecen demostrar que Rusia quiere dar un "cambio de timón" a la crisis venezolana. Ahora imperan el diálogo y la legitimidad del poder, claves que parecen ser decisivas en esta nueva etapa para Putin.

Obviamente, el contexto político internacional también juega. Y allí también han cambiado piezas que afinan un coro diferente en lo que respecta a Venezuela. Sin menoscabar el desprestigio internacional de Maduro tras el informe Bachelet, en el Kremlin ven ahora al TIAR y más sanciones como las herramientas clave que quiere impulsar Donald Trump para desalojar a Maduro contando con un consenso hemisférico. Y eso sí parece ser un factor que obligue a tomar atajos para enderezar el rumbo.

Las crisis de Irán y el súbito escenario de un posible impeachment contra Trump tras la “trama ucraniana” son factores que Putin parece ahora manejar con mayor agudeza. Sabe que con estos problemas en la mesa, Trump quiere acelerar cuanto antes una solución definitiva en Venezuela, porque no sabe si durará en la Casa Blanca hasta las presidenciales de noviembre de 2020.

Los consejos de Putin a Maduro el pasado miércoles 25 son advertencias claras. Basta de confrontación. Es irracional. El inesperado pero calculado reconocimiento de facto a la legitimidad de Guaidó y de la Asamblea Nacional (esas “autoridades legítimas” que señaló Putin en su declaración) parecen ser providenciales para la oposición venezolana. El diálogo que Putin le exige ahora a Maduro con Guaidó es apostar de nuevo por la vía noruega, cuando ya todo parecía indicar que lo de las negociaciones en Oslo eran historia. Quién lo diría: en quizás su momento más difícil en cuanto a legitimidad de liderazgo, Guaidó recibió el apoyo del que menos se lo esperaba. De ese "archienemigo" llamado Putin

Maduro se fue de Moscú sin la ansiada ayuda financiera que le sirviera de balón de oxígeno para un régimen usurpador acorralado y asfixiado. Pero Rusia también sufre con las sanciones occidentales. Europa es el principal mercado ruso, tanto energético como de bienes de consumo, y si bien la asociación estratégica de Moscú con China avanza aceleradamente a todos los niveles (y ahora también con la India), Putin sabe que necesita “resetear” con Occidente, que no es otra cosa que EE.UU y Europa. Y ese Occidente sabe también que no puede aislar y confrontarse indefinidamente con Moscú. Por ello, Venezuela es una pieza de negociación en la que urge definir cuanto antes una solución de consensos.

De este modo, Putin ha calculado con destreza que resulta estéril una confrontación por Venezuela, cuando esa crisis venezolana es el retrato de un drama humanitario de magnitud mundial. De allí su insistente advertencia (más bien una orden) a Maduro por negociar una salida de diálogo con Guaidó. Tampoco parece convencerle el “pacto infame de Miraflores” con una falsa oposición dócil con el “chavismo-madurismo” y que no es representativa. En el Kremlin ven ahora inevitable un diálogo con salida electoral cuanto antes. Y muy probablemente ven como irreversible la salida de Maduro del poder.

Pero también hay otras piezas que necesitan encajarse en los siempre complejos rompecabezas de la geopolítica mundial. Puede que ese irrestricto apoyo a Maduro le esté pasando algún tipo de factura interna a Putin. No parece ser un factor visible ni muy decisivo, pero diversas fuentes parecen confirmar que entre el establishment de la oligarquía que domina en el Kremlin, Maduro no es precisamente santo de devoción sino más bien un estorbo, un obstáculo.

Para ese establishment, está bien afirmar los intereses geopolíticos rusos, y más si logran confrontar a EE.UU en sus esferas de influencia (ese “patio trasero” americano), como Washington y sus aliados atlantistas han intentando incesantemente hacerlo sobre la periferia estratégica rusa desde Ucrania y el Cáucaso hasta Asia Central. Pero apostar a todo o nada por Maduro parece ser visto en Moscú con cierto prisma de insensatez.

Con todo, puede que la apuesta de Putin al diálogo a través de la vía noruega tenga otras expectativas. Maduro sigue siendo aliado, pero ya es necesario abrir cartas con Guaidó o quien sea en la oposición venezolana. El asesor de Trump para Venezuela, Elliot Abrams, el único “halcón” de esa administración que aún sobrevive tras la caída de Bolton, asegura que emisarios de Guaidó ya hablan con canales de acceso al Kremlin.

Por ello, Putin busca ganar tiempo instando a una solución pacífica vía diálogo y horizonte electoral. Y lavar así también su imagen ante un sector influyente de la opinión pública y del establishment político mundial que lo señalan como el principal obstáculo para la transición democrática en Venezuela, junto con Cuba.

Mientras quizás termina de ordenar sus piezas en Venezuela, el Kremlin enfoca en prioridades más estratégicas en un mundo convulsionado. Puede que éste sea el “empujoncito” más firme para propiciar el desalojo pacífico de Maduro. Guaidó y la oposición deben tomar buena nota de esto, para no volver a caer en errores estratégicos que terminen profundizando el drama venezolano.

 

 

 

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