El chavismo planea sobre La Moncloa

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Pacto PSOE-Podemos lleva a Pablo Iglesias al gobierno

¿Recuerdan cuando Pedro Sánchez confesaba que las propuestas de Pablo Iglesias para formar gobierno “no le dejaban dormir”? Poco le duró la pesadilla. Seis meses y una repetición electoral después, el PSOE de Sánchez se sacó un as bajo la manga y pactó, lo que parecía algo “contra natura”, con el Unidas Podemos (UP) de Iglesias. Se acabó el bloqueo y la incertidumbre. Ya hay posibilidad de gobierno en La Moncloa, a falta de confirmar en la investidura parlamentaria.

Quizás la pesadilla de Sánchez no eran las “propuestas de Iglesias” sino el vertiginoso ascenso de VOX. Y la recuperación del PP de Pablo Casado. Los de Abascal son la tercera fuerza en el Congreso de los Diputados, con 52 escaños, por detrás del PP de Casado (88). La debacle de Ciudadanos (10 escaños) llevó a la dimisión de su líder histórico, Albert Rivera, pero dificultaba la posibilidad de una reproducción en La Moncloa de un “frente de derechas” ya anteriormente ensayado en Andalucía y la Comunidad de Madrid.

El escenario estaba así servido para Sánchez e Iglesias. Había que acelerar cuanto antes el “gobierno progresista” de izquierdas que Sánchez clamaba desde hace días, incluyendo durante el insípido debate electoral de la semana pasada. Ni hablar de “pacto de Estado” PSOE-PP, algo que incluso barones socialistas como Felipe González pedían a gritos. El pacto tenía que ser de izquierdas, para frenar a VOX y a la ultraderecha. Hecho consumado: este martes 12 (que no 13) finalmente se firmó el pacto PSOE-UP que los lleva a La Moncloa.

Durante los largos meses del bloqueo político e institucional, y mientras la crisis catalana se calentaba hasta arder tras la sentencia contra el “procés”, Sánchez e Iglesias anhelaban reproducir en España el “modelo portugués”. En Lisboa gobierna un pacto de izquierdas entre socialistas, comunistas y los “podemitas” portugueses. Le ha ido bien a este gobierno progresista: Portugal crece económicamente y en empleo, ya salió del nefasto plan de austeridad impuesto por la “troika” y se respira estabilidad institucional y social. Pero España es diferente.

Reproducir el “modelo portugués” en La Moncloa tendrá un costo y un riesgo. La crisis catalana presiona hacia la reformulación constitucional del modelo de Estado y la posibilidad real de un separatismo de facto. Es muy posible que, a cambio de ampliar su pacto en el Congreso de los Diputados, Sánchez e Iglesias cedan ante los independentistas catalanes de ERC y CUP, con representación parlamentaria, y probablemente los vascos de Bildu. Y no hay que olvidar que Más Madrid del “apóstata podemita” Iñigo Errejón, también entró al Parlamento.

La recesión económica que se avecina arroja nubes y tormentas sobre el pacto de La Moncloa, tomando en cuenta la tradicional escasa rigurosidad en el gasto público que caracteriza a los gobiernos de izquierdas. Aunque también es cierto que a diferencia, y vale la pena señalar, de lo que acontece en la vecina Portugal. Pero el pacto PSOE-UP ya cosechó sus primeros resultados: el IBEX 35 de la Bolsa de Madrid entró en pérdidas poco después de conocerse el acuerdo Sánchez-Iglesias.

Pero hay otro factor, quizás más indirecto, detrás de este pacto. Más de cinco años después de constituirse como partido, y tras innumerables tentativas de todo tipo para “alcanzar los cielos”, o sea el poder, el PODEMOS de Iglesias, el principal benefactor del “chavismo” no sólo en España sino en Europa, por fin llega al gobierno. De la mano del PSOE y de las circunstancias, cuando ese PODEMOS originalmente creado en 2014 hoy está dividido y atomizado en el voto. Es la cuarta fuerza parlamentaria, superada por el temido VOX. En crisis estructural, hasta que las ambiciones de Sánchez lo salvaron.

Y el contexto latinoamericano puede también haber influido. La inesperada caída de Evo Morales en Bolivia deja a las izquierdas “bolivarianas” en retirada. Los salva el retorno presidencial del kirchnerismo en Argentina, cuyo próximo presidente Alberto Fernández fue el artífice que permitió el asilo de Evo en México, el otro aliado desde la izquierda con López Obrador. Y con Lula libre en Brasil, se pueden reordenar las piezas del tablero “chavista”.

A falta de saber cómo terminará la crisis boliviana (a pesar del asilo mexicano, Evo no parece querer tirar la toalla), algunos de estos movimientos, tanto en América Latina como en el reciente pacto de La Moncloa, parecen tener el sello de Zapatero, hoy reinventado dentro del izquierdista Grupo de Puebla, apéndice del Foro de São Paulo.

Y en el plano de la posición española hacia Venezuela, el pacto PSOE-UP muy probablemente buscará el diálogo vía UE con Maduro y reducir (o eliminar) las sanciones, a pesar de que Bruselas las acaba de prorrogar hasta noviembre de 2020. Más oxígeno para el régimen usurpador, por mucho que el propio Iglesias e incluso Errejón se esfuercen públicamente en tomar distancia con el “chavismo”. La tentación del poder es, precisamente, demasiado tentadora como para no querer desempolvar viejas aspiraciones.

De igual modo, con UP en el gobierno y ante la tradicional ambigüedad de Sánchez, el esperado placet oficial diplomático español para el legítimo embajador Antonio Ecarri, durante meses congelado y estancado, corre el riesgo de sucumbir en la gaveta.

Hoy Pablo Iglesias es vicepresidente del próximo nuevo gobierno en España. Esa petición que, en un principio, no dejaba dormir a Sánchez pero que hoy parece ser el bálsamo que le permite superar una pesadilla. Seguramente en el Palacio de Miraflores en Caracas deben estar descorchando champaña, whiskey de 18 años y otras delicatessen que el sufrido pueblo venezolano ni en sueños puede acceder.


 

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