Barbados, ¿puede ser la decisiva?

Barbados, ¿puede ser la decisiva?

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Guaidó y Bachelet señalan el camino a seguir
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Expectativas y esperanzas en torno a un diálogo clave

Tras la frustración de las negociaciones en Santo Domingo y Oslo, ¿es Barbados una opción creíble? Los venezolanos, que sufren una tragedia incomparable a nivel histórico, tienen legítimas razones para la suspicacia y el escepticismo en lo que respecta al diálogo de Barbados. Pero existen algunos síntomas que pueden definir un nuevo momento, más esperanzador.

Uno es el informe Bachelet. Es inobjetable que el demoledor reporte sobre las violaciones de derechos humanos en Venezuela presentado el pasado 5 de julio por la Alta Comisionada de la ONU supone la culminación de un punto de inflexión en la crisis venezolana que comenzó con la aparición de Juan Guaidó en enero pasado. Ambos, Guaidó y Bachelet, de alguna u otra forma, han cambiado el panorama venezolano. Por tanto, cabe preguntarse lo siguiente: si Guaidó no hubiese aparecido en el horizonte político venezolano, ¿habría sido factible un informe como el de Bachelet?

Con sus aciertos pero también con algunos errores tácticos, Guaidó ha logrado erosionar el pernicioso entramado de poder “chavista-madurista”, hoy acorralado y a la defensiva. Esa condición la ha notado Bachelet durante su visita a Caracas en junio pasado, escenario clave para definir las bases de su informe. Con esos puntos fuertes llega la oposición venezolana a Barbados: negociar la salida de Maduro y un calendario electoral, previsiblemente en 2020, sin el usurpador. Un atajo táctico pero no menos relevante que comulga con las prioridades establecidas desde los inicios por Guaidó: cese de la usurpación; gobierno de transición; elecciones libres.

Pero otros acontecimientos gravitan con fuerza sobre lo que se discute en Barbados. La liberación de Leopoldo López; las fugas de Iván Simonovis y del ex director del SEBIN, Figuera; la presión interna y externa para que el informe Bachelet sea referente para un eventual enjuiciamiento de Maduro ante la Corte Penal Internacional (CPI); la brutal muerte por tortura del Capitán de Corbeta Acosta Arévalo; la invocación de la Asamblea Nacional vía Guaidó del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

Incluso, hasta Rusia ya parece resignarse públicamente a observar una solución electoral sin Maduro. Desde una perspectiva similar, se puede analizar la ratificación de Vladimir Padrino como ministro de Defensa, jugada táctica del régimen usurpador para darle un peso clave a la FANB en una transición que se observa inevitable. Son varios los factores que fueron apareciendo en el contexto venezolano y que han llevado a una nueva ronda de negociaciones en Barbados que, esta vez, puede resultar decisiva.

A tal punto parece inevitable que algo esperanzador tiene que salir de Barbados que la oposición venezolana, esa que siempre parece fragmentada y desunida en intereses igualmente espúreos, ve ahora con buenos ojos la candidatura electoral de Guaidó, lo cual supone obviamente un premio a su constancia. Y que el propio “chavismo-madurismo” ya le busque un sustituto al usurpador Maduro, en este caso preventivamente en manos de Héctor Rodríguez, gobernador de Miranda y miembro de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Una eventual elección, la de Rodríguez, que aparentemente contaría con el aval cubano, toda vez la FANB, quien sabe si acorralada por dilemas éticos o persuadida en la necesidad de aceptar la oferta electoral por efecto de las sanciones exteriores, pareciera ahora presionar en la sombra para que esto tenga una salida. Una salida que inevitablemente lleva al cese de la usurpación “madurista”.

Sean cuales sean las expectativas, los dilemas, los escepticismos e incluso las frustraciones, en Barbados, esta vez sí, parece discutirse con garantías claras el futuro de Venezuela.

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